Crónica Cataluña.

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Carlota Bruna advierte: "El mayor riesgo del negacionismo climático es la indiferencia".

Carlota Bruna advierte:

La activista y embajadora del Pacto Europeo por el Clima, Carlota Bruna, originaria de Barcelona, ha compartido sus reflexiones en una reciente entrevista con Europa Press, donde destaca que el negacionismo más preocupante es el de aquellos que se muestran indiferentes ante la situación ambiental. Según ella, ser un verdadero activista implica una combinación de amor por nuestro planeta y un sentido de responsabilidad hacia las futuras generaciones.

Bruna fue recientemente galardonada con el Premio Torres & Earth 2025, en reconocimiento a su persistente labor en la sensibilización ambiental, su combate contra el plástico y su habilidad para inspirar a la sociedad en pro de un futuro más sostenible.

A pesar de su formación en Barcelona, Carlota ha sentido desde pequeña una profunda conexión con la naturaleza, influenciada por su madre, quien la llevaba a disfrutar de les montañas y la costa. A medida que creció y tomó conciencia del impacto humano en el medio ambiente, sintió una fuerte necesidad de actuar.

“Al principio, al escuchar términos como ‘cambio climático’ en los medios, me invadió una sensación de angustia. Me decía: ¡estamos destruyendo lo que nos sostiene!”, comenta Bruna.

Una de sus motivaciones centrales es la constatación de que la información sobre el cambio climático no siempre se presenta de manera clara. Para ello, ha utilizado una amplia gama de recursos a su disposición, desde redes sociales hasta documentales y libros.

Bruna sostiene que el negacionismo climático más insidioso es aquel que proviene de la indiferencia, una postura que, según ella, es bastante ajena a la naturaleza humana. “Afortunadamente, esta apatía es rara, porque la mayoría de la gente se preocupa por su entorno”, señala.

También menciona el negacionismo que surge de la ignorancia, que se alimenta de la desinformación o el temor a aceptar que es necesario implementar cambios significativos. “Es frustrante, ya que las evidencias científicas son contundentes; no obstante, reconozco que no todos han tenido la misma educación ambiental”, añade Bruna.

Para ella, el diálogo y la empatía son esenciales, aunque también enfatiza la importancia de ser firmes ante la realidad: “Negar el cambio climático no lo detiene; lo que importa es actuar”, afirma contundentemente.

Bruna observa que la juventud está cada vez más movilizada en temas ambientales, lo que le genera optimismo. “La joven generación es más consciente, crítica y menos conformista”, sostiene.

Se refiere a estudiantes, creadores digitales y activistas que no solo comentan, sino que llevan a cabo acciones concretas, y subraya la necesidad de ofrecer mayores oportunidades y apoyo para que su energía contribuya a cambios significativos en la sociedad.

La activista destaca que el feedback que recibe es abrumadoramente positivo, lo cual la impulsa a seguir adelante. “Muchos me cuentan que, gracias a mis contenidos, han modificado hábitos o han empezado a reflexionar sobre su impacto”, explica Bruna, también mostrando aprecio por las críticas constructivas que recibe.

Sin embargo, una de sus preocupaciones es alejarse del “activismo basado en el ego" y en su lugar, transmitir un mensaje que realmente resuene con diversas realidades socioeconómicas. “Lo que buscamos es un cambio profundo desde un amor genuino por la naturaleza y nuestro entorno”, detalla.

Su activismo la ha llevado a recorrer el mundo, destacando su experiencia en lugares como Ecuador y las Islas Galápagos, donde la prioridad es la protección del medio ambiente. “Las decisiones allí reflejan un profundo respeto por la naturaleza, recordándonos que estos ecosistemas han existido durante milenios, mientras nosotros somos solo visitantes”, reflexiona.

Bruna fue pionera en la publicación de una guía sobre alimentación saludable y sostenible, recomendando que el primer paso hacia un cambio debe ser la implementación de pequeños ajustes realistas. “No es necesario transformar todo de un día para otro; es más eficaz incorporar hábitos sostenibles a largo plazo”, aconseja.

Aboga por priorizar alimentos de origen vegetal, de temporada y menos procesados, enfatizando que esto es fundamental para combatir el calentamiento global. También señala la relevancia de reducir el desperdicio alimentario.

Al expresar su admiración por cómo Ecuador protege su ecosistema, Bruna subraya que su enfoque en la regulación del turismo y la convivencia con la fauna es profundamente inspirador. “Galápagos nos reconecta con una humildad que a menudo pasamos por alto”, concluye.

En su análisis, Bruna destaca que los gobiernos tienen un papel crucial en la protección del medio ambiente. “Aunque la acción individual es importante, los cambios significativos provienen de políticas públicas efectivas y estructurales”, sostiene.

Añade que los gobiernos poseen tanto la capacidad como la obligación moral de impulsar reformas audaces en áreas como la energía y la educación ambiental, aunque reconoce que los avances son lentos debido a intereses económicos.

“Con más ambición política, podríamos acelerar soluciones que ya están disponibles y que son necesarias”, concluye Carlota Bruna.