En Barcelona, el 12 de febrero, han aflorado nuevos detalles escalofriantes en el juicio por la desaparición de un hombre en Sant Andreu de la Barca, donde el misterio ha rodeado la suerte del individuo desde el 11 de mayo de 2020.
Durante la cuarta jornada de la vista judicial, el hermano de la víctima afirmó que el principal sospechoso poseía armamento dentro del local donde se perdió el rastro del desaparecido. Según su testimonio, se trataba de una escopeta y una ametralladora, además de munición, lo que eleva aún más la sospecha sobre el acusado.
El testigo reveló que, aunque no podía asegurar que el sospechoso portara armas con frecuencia, en una ocasión le mostró una pistola que había sacado de su pantalón, lo que añade una capa de inquietud al caso.
Se supo que los dos hombres, el desaparecido y el acusado, eran socios en una plantación clandestina de marihuana valorada entre 70.000 y 80.000 euros, situada en la misma nave donde se produjo el suceso. Este hecho se hizo evidente tras un robo, y el hermano de la víctima explicó que ambos eran responsables de cuidar el cultivo durante la noche. El día anterior al robo, el imputado les sugirió que se marcharan, lo que levantó la sospecha de que algo no estaba bien.
El hermano de la víctima recordó que el día previo a su desaparición, la víctima había comenzado a desconfiar de su socio, señalando que finalmente tenía la certeza de que él había sido el responsable del robo. Fue entonces cuando decidió enviarle un mensaje exigiendo que le entregara una suma de dinero.
El 11 de mayo, el día de la desaparición, la víctima y el acusado mantuvieron una acalorada discusión por teléfono, tras lo cual el desaparecido se dirigió al local donde se perdió su rastro. Sin embargo, tras horas de incertidumbre, la familia se presentó en la nave, que estaba cerrada, sin poder localizar al hombre.
El sospechoso apareció al día siguiente, afirmando que no tenía nada que ver con la desaparición y se mostró dispuesto a ayudar en la búsqueda. Sin embargo, su actitud era fría, y se negó a participar en las búsquedas, lo que levantó aún más sospechas entre los familiares.
El hermano de la víctima refirió que le permitió entrar en la nave, que presentó un aspecto inusualmente limpio, pero a pesar de la conversación superficial, no se sintió tranquilo y decidió regresar. Sin embargo, encontró que el sospechoso había huido en una furgoneta.
En lo que respecta al teléfono móvil de la víctima, este también sigue desaparecido. El hermano testificó que el procesado conocía cómo desbloquear el dispositivo, ya que él mismo se lo había proporcionado. En otro momento, el acusado había mencionado un método para deshacerse de evidencias en caso de un robo, lo que deja entrever una mente calculadora y peligrosa.
El testigo, decidido a defender la integridad de su hermano, descartó la teoría de una desaparición voluntaria, enfatizando que siempre se mostraba disponible para contestar llamadas y que sus hijas eran su mayor prioridad.
En cuanto al automóvil de la víctima, un Audi azul que sigue sin aparecer, una testigo afirmó haberlo visto el mismo día de la desaparición en Gavà, justo después de que su móvil diera señal por última vez. Aunque no pudo confirmarlo, su declaración es un nuevo hilo que la investigación debería seguir.
Otro testigo, que vivía en la zona, también mencionó que tenía un coche similar al del desaparecido y que lo aparcaba con frecuencia en el mismo lugar, lo que añade confusión sobre el paradero del vehículo.
La Fiscalía, junto con la acusación particular, ha solicitado 15 años de prisión para el acusado, sosteniendo que la víctima fue a la nave tras enterarse de que su socio había simulado un robo para quedarse con la marihuana. Acusan al procesado de acabar con la vida de la víctima, aunque el cómo sigue siendo un misterio, dado que ni el cuerpo, ni el coche ni el teléfono han sido localizados hasta el momento.
La defensa del acusado, por su parte, reconoce que ambos hombres se reunieron en la nave y discutieron asuntos económicos relacionados con una deuda. Aseguran que, después de esta conversación, la víctima se marchó, citando una reunión con otra persona en Gavà, mientras el acusado se quedó en el local.
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