• domingo 27 de noviembre del 2022

Joaquim Forn y la periodista Magda Gregori recogen en un libro la voz de presentes "anónimos" del 1-O

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BARCELONA, 29 Sep.

El exconseller Joaquim Forn y la periodista Magda Gregori han recogido en un libro "la voz de los personajes principales anónimos" del 1-O mediante 200 entrevistas a ciudadanos de toda Catalunya que recobran las vivencias que hicieron viable la votación de 2017.

Bajo el título de 'Aquel octubre. Las voces de los personajes principales anónimos del 1-O' (Enciclopèdia), el libro condensa en 120 páginas la visión política y periodística de sus autores y cuenta asimismo con un prólogo del expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont.

A través del testigo de ciudadanos que se implicaron directa o de forma indirecta en el 1-O, se vuelve a construir de qué forma, desde junio de 2017, distintas personas han recibido un aviso "de manera presencial o con mensajes encriptados", que les señalaba que eran el 'contacto cero'.

A partir de entonces, se desencadenó una cadena que implicó a otra gente que desempeñaron funcionalidades distintas --de manera piramidal--, un trabajo que acabó el día de la votación en el momento en que llegaron las urnas a los institutos y se ha podido llevar a cabo el recuento.

Según el relato de varios de los ciudadanos que formaron parte de esta cadena, todo fue viable merced a la discreción y prudencia de todos ellos: "El 1-O se logra pues estamos trabajando en silencio y con mucha precaución; sabíamos que se encontraba en juego la democracia", afirma uno.

Con el propósito de evitar las fuerzas de seguridad, se afirma que la logística de la votación, más allá de la implicación del Govern, estuvo a cargo de la sociedad civil, y se enseña que la Generalitat decidió usar un servicio de correo cifrado --ProtonMail-- para mandar el censo a los organizadores municipales del 1-O.

"Todo el planeta se vio obligado a trabajar en un operativo dirigido y ordenado desde la clandestinidad", resaltan los autores del libro, que agregan que esto asimismo provocó una incomodidad que, varios de los que formaron parte de esta operación, equiparan con la que se vivía en tiempos de Franco.

En el libro, se enseña que cientos de ciudadanos custodiaron las urnas, y han recibido llamadas o mensajes en que se usaban expresiones como "butifarra, pizzas, manteles, barras de pan, pasteles, croquetas, partituras o macetas" para referirse a ellas.

Para garantizar que los institutos no los precintara la policía, se organizaron ocupaciones y charlas desde el viernes y cientos de personas se han quedado a reposar dentro suyo.

Otro de los óbices que se superó antes del día de la votación fue en el momento en que se comunicó que los ayuntamientos no precisarían tener su censo de votantes pues se recurriría al censo universal, lo que se transformó "en la solución mágica que facilitaría el ingreso al voto de una cantidad enorme de ciudadanos".

El libro asimismo recopila, a través del testigo de sobra ciudadanos, las adversidades informáticas que padecieron el 1-O y los capítulos de "crueldad policial" que hubo por la parte de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, cuestión a la que dedican un capítulo entero con el testigo de distintas personas.

También describen lo que hicieron ciertos ciudadanos para resguardar las urnas y los votos frente al peligro de que el material fuera incautado por la Guardia Civil, y cuentan que se usaron techos falsos, espacios en el ascensor, puertas traseras, tejados y tractores -entre otros muchos sitios-- para ocultarlas.

A lo largo del libro se reclama que en el 1-O, en el que votaron 2, 2 miles de individuos, 223.000 personas lo hiciesen para expresar que no eran incondicionales de la independencia, y ciertos de ellos coinciden en argumentar que asistieron por el hecho de que estiman que "la multitud está en su derecho a votar".

"La gente está en su derecho a expresarse y a poder elegir. Tenía claro que votaría 'No'. No soy independentista pero soy demócrata. También tenía claro que deseaba votar y que absolutamente nadie me impediría llevarlo a cabo", enseña una mujer de Barcelona, que adjuntado con otros presentes expresa asimismo su malestar con las cargas policiales que hubo ese día.

"La voz de los 223.000 catalanes que votaron 'No' o que votaron en blanco tuvo un enorme valor. Eran la expresión de la pluralidad del país; fueron a contracorriente, y lo más esencial, eligieron que sobre la fuerza del Estado había el ejercicio de sus derechos democráticos", defienden Forn y Gregori.

Tras cinco años del 1-O, los autores del libro aceptan que el instante político no es exactamente el mismo pero piensan que prosigue "intacto el espíritu de pelea, resiliencia, coordinación y también implicación colectiva para proteger unos derechos sociales y políticos y para reivindicar unos valores culturales y nacionales".

Para Puigdemont, frente a los que quieren debatir el valor del 1-O, hay que ubicarlo como "la referencia lícita para continuar continuando hasta el reconocimiento en todo el mundo de Catalunya como estado sin dependencia".

A su juicio, el 1-O permitió localizar la fórmula que va a hacer a los catalanes ser "triunfadores y capaces de normalizar los sacrificios y el juego sucio del Estado", y debe pasar por la combinación entre las instituciones, las fuerzas políticas y popular, y los ciudadanos.

Por ello, informa de que el Estado procurará que esta fórmula no se repita sembrando "la división y la desconfianza", con lo que solicita no dejar jamás la búsqueda de la unidad.

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