El filósofo social Roman Krznaric, en su obra 'Historia para el mañana. Mirar al pasado para caminar hacia el futuro' (Capitán Swing), plantea una poderosa reflexión sobre cómo el pasado puede ser un faro para enfrentar los desafíos venideros. Según él, el Tribunal de Aguas de Valencia se erige como un ejemplo paradigmático de colaboración humana y una referencia de cómo deben articularse la economía y la política en el actual siglo XXI.
A lo largo de su libro, Krznaric desafía la noción pesimista de que la humanidad se enfrenta a un futuro marcado por la crisis económica y los peligros tecnológicos sin alternativas viables. En una reciente entrevista con Europa Press, el autor destaca que la historia está repleta de modelos que han sabido adaptarse y prosperar fuera de los esquemas capitalistas tradicionales.
El Tribunal de Aguas de Valencia, fundado durante la época árabe en España y que perdura hasta hoy, es uno de esos ejemplos notables. En esta institución, los agricultores trabajan conjuntamente para gestionar un recurso esencial como el agua, mostrando así la fortaleza de la cooperación comunitaria.
Krznaric enfatiza la relevancia histórica de esta entidad, la cual se reúne para coordinar los recursos hídricos de la huerta valenciana. Sus miembros son elegidos de forma democrática por los agricultores locales, quienes tienen la facultad de imponer sanciones a aquellos que descuiden sus responsabilidades en la gestión de riegos. "Este modelo, con siglos de antigüedad, ilustra lo que podemos lograr cuando colaboramos. El Tribunal de Aguas debería ser un referente para nuestras economías y políticas contemporáneas", afirma con convicción.
A pesar de reconocer que vivimos en tiempos turbulentos, marcados por el imperialismo estadounidense, la crisis de los inmigrantes y el resurgir de la extrema derecha, Krznaric sostiene que siempre cabe la posibilidad de cambio. Resalta que la historia está llena de ejemplos de luchadores que desafiaron a imperios aparentemente invencibles: "Considera a quienes se levantaron contra el imperialismo británico en la India. Su éxito se debió a que actuaron con la certeza de que era posible una alternativa”, añade.
El filósofo críticos del sistema de democracia representativa actual, argumentando que este ha fallado en abordar fenómenos como el ascenso de la extrema derecha y los retos que plantea la inteligencia artificial. En su opinión, es esencial incluir a aquellos que apoyan ideologías extremas dentro de los marcos políticos, sugiriendo que una descentralización en la toma de decisiones podría facilitar este proceso, imaginando asambleas ciudadanas como una solución efectiva.
Krznaric también advierte sobre el uso indebido de la historia, que puede ser explotada por quienes ostentan poder económico o político. Por ello, subraya la necesidad de acceder a información precisa y confiable, apoyándose en un extenso trabajo documental: "En mi libro, incluyo alrededor de 400 referencias académicas. Es crucial basarse en consensos sólidos acerca de los eventos históricos para evadir manipulaciones”, explica.
El autor subraya la locura de ignorar el pasado: "No se puede conducir sin mirar el espejo retrovisor". Llama a no distorsionar la historia ni idealizarla de forma engañosa. Krznaric es tajante al afirmar que el capitalismo, a diferencia de lo que muchos creen, puede ser superado: “Se dice que es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo, pero es fundamental recordar que este sistema es un constructo histórico”, sostiene.
Remarcando que el capitalismo comenzó en los Países Bajos en el siglo XVII con el surgimiento de mercados bursátiles, Krznaric argumenta que a lo largo de la historia han existido diversas formas de organizar las economías. Por ejemplo, menciona el caso de Japón en el siglo XVIII, donde la escasez de recursos llevó a la implementación de una economía circular poco convencional, reciclándose materiales esenciales de manera innovadora.
El autor considera que es viable desarrollar nuevas economías regenerativas que sean respetuosas con el entorno y capaces de proporcionar a las personas una salida de la pobreza. "Es sencillo quedar atrapado en los problemas inmediatos del presente, como las decisiones políticas de Trump o las crisis en Europa. Pero debemos tomar distancia y observar la situación con una perspectiva más amplia", propone.
Asimismo, subraya la necesidad de afrontar de manera efectiva los retos inminentes: "Ya sea una futura pandemia, la persistente desigualdad económica, o las amenazas derivadas de la inteligencia artificial y la emergencia climática, debemos preparar a las nuevas generaciones para estos desafíos”, advierte el filósofo.
Por último, Krznaric enfatiza que los jóvenes han mostrado interés en la historia, aunque los relatos sobre monarcas y figuras religiosas no captan su atención. Lo que realmente les interesa son las historias de personas comunes, del aprendizaje a partir de los errores y las experiencias positivas. Por esta razón, defiende la inclusión de un enfoque práctico de la historia en la educación, que no busque predecir el futuro, sino que prepare a los estudiantes para navegar por las complejidades del siglo XXI.
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