BARCELONA, 8 de febrero.
El destacado académico Ramón Llull, profesor en la Universidad de Alicante y galardonado con el Premio Nacional de Informática 2025, ha calificado de "fracaso en el ámbito educativo" la reciente decisión del Gobierno español de prohibir el acceso a redes sociales para menores de 16 años. Según Llorens, esta medida refleja una incapacidad para enseñar a los jóvenes a interactuar de manera responsable con estas plataformas.
En una conversación mantenida con Europa Press durante el EdTech Congress Barcelona 2026, que se llevó a cabo esta semana en el Palau de Congressos de Fira de Barcelona, Llorens hizo hincapié en la importancia de establecer directrices en lugar de prohibiciones que, a su criterio, dejan un regusto "agridulce".
"El riesgo está presente en todas partes. La clave es saber gestionarlo; no se trata de esquivarlo. Resultado fácil sería prohibir, pero eso es signo de un sistema educativo que se está resquebrajando", expuso el catedrático.
Llorens también advirtió sobre la naturaleza de las herramientas digitales que se están empleando en el aula, enfatizando que muchas de ellas no fueron diseñadas con un propósito educativo en mente.
"La tecnología no es inocente; su diseño obedece a intenciones específicas. Las redes sociales están destinadas a fomentar el 'scroll' y el 'me gusta' a través de métodos psicológicos que generan dependencia y convierten la atención en un producto que se vende a anunciantes", argumentó.
De acuerdo con él, la inteligencia artificial no solo complementa, sino que potencia esta manipulación, llevando a que fenómenos perjudiciales como el ciberacoso y el populismo se intensifiquen de manera alarmante.
"Hemos llegado al punto donde el matón del patio escolar parece ejercer control sobre nuestro mundo. Es esencial que reflexionemos sobre el tipo de sociedad que deseamos, para que la tecnología no destruya nuestra convivencia", aseguró.
Ante la llegada de la inteligencia artificial generativa, Llorens instó a las instituciones educativas a pasar de acciones aisladas por parte de algunos miembros de la comunidad educativa a un enfoque más comprometido y regulado a nivel institucional.
Para Llorens, resulta esencial que las escuelas establezcan sus propias políticas, normas éticos y una infraestructura segura, idealmente colaborando con empresas tecnológicas locales que valoren la protección de datos.
"No se trata de demonizar la tecnología; se trata de influir en su desarrollo. Posee un potencial comunicativo impresionante, pero no podemos permitir que el universo tecnológico opere sin reglas, regido solo por los intereses de grandes corporaciones", concluyó.
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